Como dos grandes volcanes

—Sabes? He oído en algún lugar, que excitarse mucho, hace que salga de modo súbito. Y yo quiero quedarme sin una gota ahí dentro.
Así que no lo pensé más.
Me deshice de mis pantalones y antes de que pudiera vérmela, ya se había engullido toda mi erección.
Mi polla despareció completamente en su boca.
Ahora el gemido fue mío.
Bufff! Menuda boca… Grandiosa como las tetas que yo seguía apretando entre mis manos.
—Maldito cabrón!! Hay que joderse…! Yo esperando por las llaves de la oficina y, mira tú, el motivo de la tardanza!!
Lo miré sin poder dejar de empujar mi polla en su boca.
Ella siguió a lo suyo.
Pero me dirigió una mirada muy, muy sucia.
Entendido…
—Has dicho que si te excitas mucho saldrá toda, verdad?
Pues así sea. Toda. La tuya. La mía, y la de él.
Y mi compañero no necesitó más explicación. Antes de llegar a nuestra altura, ya no llevaba uniforme.
Venía apuntándonos con una gran erección.
—Me puedo quedar con una de estas?—preguntó llevándose a la boca una teta.
Tirado en el suelo, empezó a chupársela. – Uuhhhmm…, que bueno está esto.
Ya no sentía dolor. Quizás molestia, pero ya se confundía con tanta excitación.

Continúa leyendo este relato en el capítulo I del libro “Mis veinticinco de realidad”.

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